El creciente interés por la protección y conservación del medio ambiente se ha centrado cada vez más no solo en los tratamientos de aguas residuales domésticas o asimilables, sino también —especialmente en los últimos años— en los sistemas de depuración de aguas residuales procedentes de superficies impermeables potencialmente contaminadas.
Dentro de este ámbito se incluyen las aguas procedentes de instalaciones de lavado de vehículos, caracterizadas por la presencia de una amplia gama de contaminantes como sólidos en suspensión (arenas, lodos, grava, piedras, restos vegetales, etc.), detergentes, aceites minerales e hidrocarburos.
Por ello, el tratamiento de este tipo de aguas requiere una serie de etapas sucesivas destinadas a la reducción progresiva de los contaminantes.
La elección de los tratamientos varía según el destino final del efluente (alcantarillado público, curso de agua superficial, infiltración en el suelo o reutilización).
La primera fase del tratamiento consiste en un dessarenador, donde se produce la separación gravimétrica de los compuestos con una densidad diferente a la del agua: los materiales más pesados (arenas, lodos, grava) sedimentan y se acumulan en el fondo del tanque, mientras que los más ligeros (aceites, grasas, espumas) flotan en la superficie.
La tubería de salida, situada a media altura, evita la salida del material separado.
La segunda fase corresponde al tratamiento de desengrasado. Gracias al filtro de coalescencia, los aceites e hidrocarburos residuales se adhieren al filtro y se separan del efluente.
En la tercera fase, el agua es sometida a un tratamiento biológico intensivo, donde, mediante el desarrollo de cepas bacterianas específicas, se consigue la reducción de la materia orgánica disuelta (BOD₅ y COD) y de los detergentes (fósforo).
El tratamiento biológico se realiza mediante un filtro percolador aireado, utilizado en caso de vertido final en alcantarillado público.
Cuando el vertido se realiza en un curso de agua superficial, se añade previamente un filtro percolador anaerobio.
Los sopladores asociados a los filtros percoladores aireados deben funcionar de forma continua (24 h/día).
Finalmente, para mejorar la calidad del agua depurada —ya sea para su descarga en superficie o en el suelo, o para su reutilización en las fases iniciales del ciclo de lavado (prelavado, etc.)—, se incorpora un tratamiento de afinamiento compuesto por un sistema de filtración con cuarzo y carbón activo.